martes, 17 de mayo de 2016

Adiós al papel…

With print's future in peril, El Pais hones its online editorial strategy - Digiday, de Digiday, me llamó por teléfono para hablar del anuncio de hace algunos meses de El País en el que se planteaban abandonar la edición impresa, y ha publicado algunas de mis impresiones en su artículo titulado With print’s future in peril, El Pais hones its online editorial strategy (pdf).
Hablamos sobre la evolución de la prensa española, sobre los tiempos en los que El País innovaba en la red sistemáticamente más tarde que sus competidores por el absurdo miedo a canibalizar la edición impresa, sobre la evolución de los ad-blockers y la publicidad en general, sobre el cambio del panorama y la aparición de nuevos competidores centrados únicamente en lo digital – con todos los avisos oportunos por delante acerca de mi participación en El Español, obviamente, al que acaban de premiar por su web – y sobre la evolución de formatos como el branded content, que sigue demostrando poder aportar mucho más valor que el de una simple colección de publirreportajes.
¿Que se acaba el papel? No será porque no lo hayamos dicho veces, y en todo tipo de foros (por decirlo claramente, una vez casi me echan a pedradas de una charla de AEDE :-) Hace mucho tiempo que resulta evidente que prácticamente ningún joven de menos de treinta años tiene especial afinidad por leer una publicación impresa en un trozo de árbol muerto que le da las noticias de ayer y en la que no se puede hacer clic. Las pilas de ejemplares que veo en la entrada de la universidad en la que trabajo (o como si vas a la de Periodismo, incluso, a los que supuestamente podríamos considerar más interesados) lo atestiguan. En el AVE, cuando pasan con la prensa, la pido porque así, cuando llega la bandeja con la comida, me sirve de salvamanteles encima de mi ordenador. Si algún día me llevo los pocos periódicos que aún llegan a la zona de espera del despacho, es porque estoy pintando en casa. El soporte papel ya no tiene más interés que ese, y aferrarse a él en plan romántico y hablar del olor de la tinta y de lo cómodo que es para leerlo en el sofá hace mucho que ya no tiene sentido. Y para las generaciones siguientes, menos aún. Lo del papel les resulta poco menos que marciano. Solo lo usan, los que lo usan, en esas apolilladas instituciones educativas que les obligan a bajar a una versión obsoleta de su sistema operativo cerebral.
Que El País, en pleno ataque de clarividencia, afirme que la edición principal será la online y que la impresa será simplemente lo que salga de darle a imprimir en el momento que toque cerrar la edición es simplemente una cuestión de lógica y supervivencia: el papel persistirá únicamente para lectores mayores, para suscriptores que quieren recibirlo por debajo de la puerta, y posiblemente, algo más de tiempo en algunos regionales en los que confluyen circunstancias como la edad media de los lectores y el prestigio social que parece conllevar el hecho de pagar la suscripción… pero es ya una cuestión ranciamente generacional, que muere a medida que van muriendo sus lectores. Y no, no es porque yo lo diga: ni tengo la culpa, ni se gana nada repitiendo una y otra vez que estoy equivocado. La perspectiva de ya más de dos décadas (mi tesis doctoral sobre el tema la empecé ¡¡en 1996!!) debería enseñarnos alguna cosa.
¿Qué hay al otro lado del papel? Nada que no supiéramos. La red es un entorno complejo, en el que la propuesta de la publicidad palidece a medida que se abusa de formatos intrusivos y se incrementa el número de usuarios que instalan bloqueadores, en el que resulta difícil sostener una propuesta de muro de pago si no se cuenta con una propuesta de valor muy específica y que los usuarios se comprometan en sostener, y en el que cada vez leeremos más noticias en sitios diferentes a las páginas del medio, en sitios como Apple News, Google Newsstand, Snapchat Discover o Facebook Instant Articles en los que nos orientaremos por criterios de recomendación social y en donde nos costará enormemente recordar cuál era el medio original en el que se publicaron. No, ganar dinero en este entorno no va a ser fácil, y sobre todo, va a requerir una mentalidad enormemente inclusiva, abierta a todo tipo de cambios, y dispuesta a experimentar, no a agarrarse a lo que siempre vieron funcionar durante toda una vida profesional. Lo contrario, desgraciadamente, de lo que he visto en muchos sitios. El panorama, digan lo que digan algunos, no es negro, salvo para los que se empeñen en verlo así.

Decir adiós al papel no es nada más que aceptar que una tecnología con miles de años de antigüedad deja paso a otra intrínsecamente superior. Negarse a aceptar esos cambios nunca ha llevado a ningún sitio. Que El País afirme que se dispone a ir abandonando el papel tal ver quiera decir que se acaben de dar cuenta de que “la revolución digital ya está aquí“, pero más bien me parece un simple destello de sentido común. Que entre tantos compañeros de viaje vetustos y apolillados que le acompañan en esa embarcación de tres palos y a vela llamada AEDE, no deja de tener su mérito…
 

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