sábado, 28 de diciembre de 2013

Google y la editorialización de la web: en defensa de los diez enlaces azules

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Ten blue linksUn buen artículo en Mashable titulado Google in 2014: the world is (almost) its oyster vuelve a poner de manifiesto la progresiva deriva del buscador de Google desde las páginas de resultados consistentes en diez enlaces azules más su correspondiente publicidad, hacia arquitecturas cada vez más complejas y editorializadas, pensadas teóricamente para reforzar el principio de relevancia de la búsqueda de cara al usuario, pero susceptibles de entregar a la compañía un control cada vez mayor sobre variables que, en opinión de muchos, resultan sumamente peligrosas.
Por un lado, el dominio cada vez mayor de zonas dedicadas a productos de la propia compañía en la zona superior: ¿buscas un viaje? ¿Comprar algo? ¿Ir a algún sitio? ¿Un restaurante? ¿Un hotel? Tienes muchas posibilidades de que sea la propia Google la que responda a tu búsqueda con un recuadro convenientemente situado en la parte superior de la página… lo cual está muy bien, salvo que tengas una empresa dedicada a ofrecer ese tipo de productos y te encuentres con que Google usa su fortísimo dominio en la búsqueda para impulsar sus propios productos situándolos por encima de los tuyos, un asunto que la Unión Europea está tratando de regular desde hace ya un cierto tiempo.
En segundo lugar, todo lo relacionado con la privacidad. De nuevo un importante caballo de batalla de la compañía con las autoridades reguladoras de países como EspañaHolanda, Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido, y en el que la actitud de la compañía, que pretende supuestamente estar por encima de las leyes locales y responder únicamente ante la jurisdicción californiana, ayuda más bien poco  - un recurso, el de “déjeme en paz, yo no se nada, pregunte usted en Mountain View”, utilizado ya habitualmente por la compañía en casos anteriores. A medida que el buscador editorializa sus resultados, tiende para ello a hacer un mayor uso de la información que extrae del usuario con el fin de proporcionarle supuestamente una relevancia cada vez mayor, una información sobre cuya gestión y control se plantean numerosas incógnitas. ¿Cuánto poder otorgamos a una compañía si le permitimos editorializar nuestros resultados y confiamos en que los resultados que obtenemos son “por nuestro bien”? Sinceramente, prefiero diez enlaces escogidos de manera consistente y dejar actuar a mi propio criterio.
Pero es que en este caso, además de las posibles infracciones de la legislación sobre privacidad en diversos países que tienden a protegerla a un nivel superior al que lo hacen los Estados Unidos y a las que Google tendrá que hacer frente, debemos tener en cuenta el llamado “efecto burbuja“: lo que sucede a medida que las páginas de resultados van intentando adaptarse a las características que el buscador interpreta que tiene el usuario, y que termina por convertirse en un universo parcial en el que este usuario únicamente recibe resultados de aquello que está de acuerdo con su visión del mundo. Un caso muy bien ilustrado desde hace ya tiempo por DuckDuckGo, al que Google, en su permanente búsqueda de la relevancia, ha dado muy escasa respuesta.
En general, las respuestas de la compañía a todo aquello que contradice su visión son más bien escasas. A su respuesta a las autoridades de la competencia de los diversos países se unen cuestiones como el tratamiento de las reclamaciones por derechos de autor, en las que Google desprecia de manera consistente a los autores individuales en favor de las grandes compañías: un tema que conozco bien, que llevo comentando a todos los niveles de la compañía desde hace ya bastantes años, sobre el que nunca he recibido una respuesta satisfactoria, y que me afecta incluso en lo personal… mi propia cuenta de YouTube tiene restricciones derivadas de varias reclamaciones de propiedad intelectual incorrectas presentadas completamente a la ligera por diversas compañías, mediante un esquema perverso, notoriamente desequilibrado y absurdo que Google jamás ha intentado compensar.
Pero, actitudes de la compañía aparte y volviendo al tema de la editorialización, hablamos de un problema de modelo de negocio: a medida que la compañía ve cómo una gran parte del tráfico se desplaza hacia dispositivos móviles y cómo su dominio en ese escenario se consolida hasta extremos increíbles gracias a Android, trata de evolucionar hacia diseños de tipo mobile first, concebidos para ese escenario: en la visión de la compañía, los diez enlaces azules resultan poco atractivos en una pantalla de pequeñas dimensiones en la que obligan a un desplazamiento prolongado, mientras que los modelos editorializados de información intermediada por Google tratan de ofrecer respuestas en un solo clic. Y claro está, mucho más rentables.
La gran discusión es clara: frente al modelo de diez enlaces azules provenientes de un único algoritmo y sobre los que el usuario elige libremente, un nuevo modelo basado en cards como Google Now,  que supuestamente brinda resultados más relevantes, a cambio de pasarlo todo por el tamiz de la compañía y de restar grados de libertad al usuario. La defensa de Google, afirmar que sus resultados están protegidos por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que protege la libertad de expresión, tal vez sirva a efectos legales, pero resulta un consuelo muy escaso para el usuario consciente de estos cambios. Posiblemente a estas alturas tenga yo algo de “vieja escuela”, pero con franqueza, prefiero claramente el modelo anterior, que fue además el que en su momento me hizo preferir a Google frente a los buscadores que había anteriormente. Es más: la compañía hará lo que quieras y ya ha mostrado su escasa predisposición a escuchar, pero creo que en la defensa de ese modelo anterior de diez enlaces azules nos jugamos, como usuarios, mucho.
 

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