domingo, 15 de diciembre de 2013

Replanteando los departamentos de IT

Mordac (IMAGE: Scott Adams, Inc.)Un interesante artículo en Wired, titulado apocalípticamente The IT Department is dead. Long live the IT Department, construye un escenario obviamente sesgado entrevistando a cuatro fundadores de compañías que ofrecen software de uso corporativo con filosofía de software de consumo, pero llega a una conclusión correcta e inapelable: los departamentos corporativos de IT necesitan una completa redefinición.
En muchas de las empresas que conozco, la imagen perfecta que define al Departamento de IT es la del Mordac de las tiras de Dilbert: siempre vigilantes para dificultar e impedir cosas, plantear restricciones y problemas, y hacer la vida mucho más difícil para todo aquel que pretenda hacer algo productivo. Alegando razones como la seguridad, la estandarización, el mantenimiento o el coste, los departamentos de IT se convierten en auténticos peajes que hay que pagar para poder trabajar en determinadas empresas, en una serie de posibilidades a las que hay forzosamente que renunciar porque han sido supuestamente escritas en piedra.
El problema evidente de ese planteamiento es que la tecnología ha evolucionado muchísimo en los últimos años. La seguridad ya no se obtiene reinventando la rueda mediante sistemas construidos desde cero, sino utilizando herramientas adecuadas y probadas en el mercado. Lo importante, cada día más, es poder adaptarse a la forma en que cada persona quiere trabajar, y no forzar a todo el mundo a trabajar de una manera rígida y predeterminada. Los sistemas que no se adaptan al usuario solo generan que el usuario los termine adoptando por su propia cuenta y riesgo, fuera del asfixiante control corporativo, dando lugar a problemas potencialmente mayores.
Llevamos muchos años trabajando con las prioridades equivocadas. Las máquinas de ayer eran un recurso escaso: rígidas, unívocas e inflexibles, determinaban metodologías de trabajo inalterables que todos debíamos seguir so pena de perder eficiencia. Las máquinas de hoy, además de no desplegarse únicamente bajo el mantra de la eficiencia, son ubicuas: las tenemos en todas partes, en nuestras casas, en nuestros bolsillos, en nuestros maletines, y son variadas, ofrecen infinidad de posibilidades que se adaptan a nuestra forma óptima de vivir y de trabajar. Ya no es posible defender una manera única de hacer las cosas. En la empresa de hoy, la prioridad deben ser las personas, los usuarios, no las restricciones que supuestamente imponen las máquinas o los sistemas.
En ese panorama, ¿qué es lo que deberíamos esperar de un Departamento de Sistemas corporativo? Que fuese capaz de ofrecernos una mirada amplia, informada y completa del paisaje existente en el mercado, del “estado del arte”. Que no se enrocasen en formas de hacer las cosas que han sido ya exponencialmente superadas. Que no fuesen víctimas del “efecto Mar Muerto“. Que identificasen en las nuevas herramientas todas las posibles oportunidades para ofrecer más comodidad, más conveniencia y más inspiración a la forma de trabajar de nuestros empleados, dentro de restricciones de seguridad que tengan sentido, que no pretendan que todo lo que hacemos esté custodiado con el mismo nivel de seguridad que aplicaríamos a Fort Knox. Que cuando llegases a preguntarles por una herramienta, no solo la conociesen ya, sino que la hubiesen descargado, instalado, y sometido a veintiuna pruebas. Que siendo profesionales de la tecnología, supiesen algo más del progreso de la misma que el nivel mínimo que tiene un usuario medio bien informado. Y que además, tuviesen la empatía suficiente para entender lo que suponen las restricciones que plantean para la forma de trabajar de cada uno de los empleados de la compañía.
¿Está tu Departamento de IT a ese nivel? Si no lo está, está perjudicando a tu compañía a todos los niveles. Su productividad. La moral de sus empleados. Su flexibilidad. Sus costes. Su capacidad de atraer y retener talento. Su competitividad. Y no es solo es una cuestión de presupuesto. Es fundamentalmente una cuestión de actitud.
 

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