viernes, 21 de agosto de 2015

Prudencia: clave para la comunicación efectiva

No hace falta ser un santo para ser prudente y sí hay muchos beneficios que podemos obtener, especialmente en nuestras relaciones personales y profesionales.

Prudencia: clave para la comunicación efectiva

Cuidado con frases como “piensa mal y acertarás” no siempre es así y sí puedes dañar significativamente tus relaciones.

21-08-2015
POR: MARCELA HERNÁNDEZ, COACH EMPRESARIAL Y DE VIDA
La primera vez que escuche esta frase me causó mucha gracia: “Conecta la lengua con el cerebro”, podría parecer una broma, hasta que caí en cuenta de lo común que es que los seres humanos vivamos desconectados en este sentido.
Uno de los talleres o cursos más solicitados -en las empresas con las que hemos trabajado- es el de comunicación efectiva, para cubrir las necesidades de manejo de conflictos y mejoramiento del clima organizacional.
Hay muchas técnicas, herramientas y teorías para mejorar la comunicación, sin embargo, hay una competencia fundamental a la que no se ha dado suficiente importancia. Me refiero a laprudencia.
Se define como la capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios.
Aunque se trata de una habilidad al alcance de cualquiera, le hemos dado una mayorconnotación espiritual y religiosa, dejando atrás sus fines prácticos y mundanos. Casi como si fuera una cualidad exclusiva de un santo.
Sin embargo, no hace falta ser un santo para ser prudente y sí hay muchos beneficios que podemos obtener, especialmente en nuestras interacciones y en los ambientes que generamos en  los diferentes ámbitos de nuestra vida.

3 dominios principales para ser prudente

1. Prudencia al pensar

Contrario a lo que muchos creen, los pensamientos están en nuestro control. Si bien no podemos evitar que nuestros pensamientos surjan automáticamente, sí podemos filtrarlos y quedarnos con los que sean más funcionales para nosotros.
No hacer juicios precipitados y poco o nada fundamentados. Cuando etiquetamos de manera automática a una persona o situación, estamos siendo imprudentes y no nos damos cuenta del estado de ánimo que nos genera dicho pensamiento y el impacto que tiene en nuestra interacción con los demás.
Cuidado con frases como “piensa mal y acertarás” no siempre es así y sí puedes dañar significativamente tus relaciones.

2. Prudencia al hablar

Otra de las definiciones de prudencia, se refiere a ésta como la virtud de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal, cauteloso y adecuado.
Para ello, hay que estar plenamente conscientes de que el lenguaje genera realidades y que a partir de nuestras declaraciones o afirmaciones creamos mundos distintos, y cambiamos el rumbo de las cosas y de nuestras relaciones. Si realmente fuéramos conscientes de esto, cuidaríamos mucho más nuestras palabras.
Recuerda: eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que hablas

3. Prudencia al actuar

No sólo al hablar modificamos nuestro mundo, también al actuar generamos una nueva versión de nosotros mismos -para bien o para mal- vivimos reinventándonos constantemente.
Sí eres de los que piensa: "así nací y así me moriré", ¡cuidado! Es posible que estés generando ambientes restrictivos y que tus relaciones no evolucionen por la falta de apertura hacia tu propio crecimiento y transformación.
No se trata de perder espontaneidad, sino de pensar un poco antes de actuar, sólo para asegurarte de que no estás causando ningún daño a nadie (incluso a ti mismo).

3 actitudes que nos llevan a caer en imprudencias

1. No es lo mismo directo que imprudente

Haciendo honor de la honestidad o de la claridad, muchas personas rebasan la línea del respeto y caen en imprudencias que impactan de manera negativa la interacción y el ambiente en el que se desenvuelven.
Se llenan la boca de orgullo con frases como la siguiente: “Yo no me ando por las ramas, digo las cosas como son”.   Recuerda que las cosas no sólo son como tú las ves, siempre hay otra cara en la moneda y nuestra libertad de expresión no está peleada con la cortesía y losbuenos modos.

2. La falta de empatía

La falta de compasión por el otro. Por mucho que tengamos razones y fundamentos para estar molestos, no es necesario ofender o  lastimar a la otra persona. Antepongamos siempre los sentimientos, la vida y la libertad de los demás y de nuevo cuidemos las formas. Te recomendamos leer: 6 frases para entrenar tu compasión y ser mejor líder
Quizá puedas ganar una discusión, pero piensa que puedes perder tu relación con la otra persona. ¿Qué tiene más valor para ti?

3. No buscar el momento

No pensar en el momento adecuado para decir las cosas o actuar de determinada manera puede ser la fuente de muchos de nuestros problemas. Si eliges el tiempo indicado es mucho más factible que tu punto sea bien recibido y que logres el efecto esperado.
Si en el momento en que surge tu inquietud la otra persona no está disponible, puedes pedirle tener una conversación en un futuro cercano y plantearle cuál es el tema y por qué es importante para ti.
Te recomendamos leer: Sé humilde y asciende en tu trabajo
Muchas veces podemos tener la razón, pero el modo y el momento en que planteamos nuestras ideas nos hacen perder toda posibilidad de comunicarnos efectivamente.
¿Eres imprudente? ¿Cómo crees que la prudencia puede cambiar tus relaciones?
 

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