domingo, 3 de noviembre de 2013

Las comparaciones son… ¿odiosas?

US-China flagLo vi primero sugerido en un tweet de Martín Varsavsky, y me ha parecido interesante desarrollarlo más allá de los ciento cuarenta caracteres: el 12 de enero del año 2010, Google anunció un replanteamiento de sus relaciones con China, derivado de una serie de ataques presuntamente llevados a cabo por equipos de hackers relacionados con el gobierno del gigante asiático.
Como resultado de este replanteamiento, Google se negó a seguir cumpliendo con los requerimientos de censura china, y anunció el cese de sus actividades y el cierre de sus oficinas en China. Un floreciente mercado de indudable potencial económico en el que Google había superado ya el 30% de penetración, con unos demográficos que se identificaban con el segmento de público más experto en el uso de la red, y con un estado de opinión generalizada que afirmaba que a pesar de la obligatoria censura por la que el motor de búsqueda tenía que pasar para operar en el país, su presencia era muy positiva de cara a un esperado futuro con más libertades y apertura.
Repetimos el planteamiento: Google se fue de China tras algunos ataques aislados, de procedencia posiblemente atribuible al gobierno chino, que presuntamente intentaban conseguir información sobre algunas docenas de activistas pro-derechos humanos en China. Ahora, tras las revelaciones publicadas el pasado 30 de octubre en el Washington Post, sabemos fehacientemente que el gobierno de los Estados Unidos penetró la red de comunicaciones de los centros de datos de Google en todo el mundo, y recolectó información a su voluntad de cientos de miles de cuentas, entre ellas las de muchos ciudadanos norteamericanos. No, no hablamos de una sospecha, sino de una evidencia directa y plasmada en la documentación de la propia agencia gubernamental.
Sí, algunos en Google parece ser que “se han enfadado mucho” con la noticia. ¿Y? ¿Consecuencias? ¿No sería el momento de que la empresa, siendo consecuente con sus actuaciones anteriores en China, empezase a estudiar a qué países puede desplazar sus oficinas centrales con el fin de obtener un entorno de operación más seguro, en el seno del cual pueda realmente garantizar los derechos de sus usuarios, en el contexto de un marco legal adecuado? ¿Nos damos cuenta de que estamos hablando de que, en virtud de lo que la NSA es capaz de leer en los correos de un usuario de Google, ese usuario puede ser perseguido o detenido, se pueden condicionar sus operaciones con empresas estadounidenses, o se le puede denegar la entrada en el país, por citar algunas posibilidades que ya han ocurrido hasta el momento? No, no hablamos de “ensayos”, de “pruebas” o de “juegos probabilísticos”… hablamos de sistemas reales que generan consecuencias reales en personas reales, cuyas comunicaciones no solo son interceptadas, sino sometidas a un juego interpretativo por parte de algunas de las personas más paranoicas del mundo, que desconociendo todo tipo de matices de contexto, idiomáticos, de ironía o de opinión, deciden poner a alguien en una lista determinada.
¿Vale realmente la pena poner a tus usuarios en esa tesitura? ¿Es suficiente con seguir haciendo lobby para regular la cibervigilancia, o en realidad ese lobby es simplemente una forma de aparentar una conciencia tranquila cuando todos sabemos positivamente que las acciones del Senado van precisamente en la dirección contraria?
 

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