jueves, 26 de marzo de 2015

La apertura como elemento competitivo

Cyanogen logo
Una noticia sin duda interesante: Cyanogen, la compañía fundada para comercializar el sistema operativo CyanogenMod, derivado directamente de Android, cierra una ronda de financiación de ochenta millones de dólares con participación, entre otros, de Rupert Murdoch, Twitter y Telefonica, lo que completa un total de ciento diez millones de dólares captados a lo largo del último año y medio.
¿Dónde está la gracia de la cuestión? Google puso en el mercado Android en noviembre de 2007, un producto que provenía de la adquisición de Android, Inc. en 2005, como reacción a la pujanza de iOS, el sistema operativo de Apple, que amenazaba con convertirse en líder del entonces incipiente segmento smartphone que la compañía de la manzana acababa de redefinir con el lanzamiento de su iPhone. El primer modelo con Android, el HTC Dream, fue lanzando en octubre de 2008. La estrategia que Google tenía diseñada para Android, que posteriormente se ha probado muy efectiva, era la de imitar la estrategia que IBM siguió a principios de los años ochenta con su IBM PC: lanzar un producto abierto que podía ser adoptado por cualquier fabricante con un modelo de licencia que facilitaba su uso comercial, que permitía modificaciones, y que era, en la práctica, muy business-friendly. El IBM PC ofrecía a los fabricantes la posibilidad de entrar en el segmento de los ordenadores personales, en el que Apple estaba consiguiendo cierta tracción y popularidad, y se probó como una estrategia enormemente exitosa: el mercado que se generó a partir de la plataforma de IBM resultó ser suficientemente dinámico y competitivo como para relegar a las máquinas de Apple a un segmento casi marginal.
Con Android, Google intentó exactamente lo mismo, y de hecho, repitió éxito: lo lanzó de la mano de la Open Handset Alliance, un consorcio de treinta y cuatro compañías (ahora son ochenta y cuatro) creado para la ocasión, y su adopción generó un ecosistema tan variado y competitivo que hoy alcanza prácticamente un 90% del mercado mundial. Sin embargo, la apertura de Android no es total: Google mantiene un importante nivel de control sobre el sistema operativo, y la práctica totalidad de los terminales incluyen una combinación de software abierto y propietario que incluye módulos desarrollados y licenciados por la propia Google. En realidad, una gran parte del atractivo de Android para muchos usuarios proviene precisamente de la integración de muchas de sus herramientas.
La llegada de Cyanogen fue precisamente una reacción a este control de Google: con su sistema operativo, podría ponerse en el mercado un terminal completamente libre de Google, algo que podría tener mucho sentido en mercados en los que las herramientas de la compañía no son dominantes (China, Rusia, Corea del Sur, etc.) Y ahora, Cyanogen tiene, además de un producto y una estrategia, una buena cantidad de dinero con la que intentar llevarla a cabo, y socios con un fuerte interés en que se desarrollen plataformas alternativas que sean capaces de minar el dominio asfixiante de Google. En la practica, competir con una plataforma abierta intentando poner en valor precisamente el hecho de ser todavía más abierta.
Es evidente que para resultar una amenaza creíble, a Cyanogen, que está básicamente “buscando su sitio”, le quedaría muchísimo por demostrar. Pero desde un punto de vista estratégico, no deja de ser un movimiento muy interesante, y que da lugar a una reflexión fundamental en los tiempos que vivimos: ¿cuál es el valor de la apertura? E.Dans
 

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