lunes, 24 de febrero de 2014

¿Son las plataformas de aplicaciones un modelo sostenible?

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Aplis hasta en la sopa - El País (pdf, haz clic para leer a un tamaño razonable)Miguel Ángel García Vega, de El País, me llamó un par de veces para hablar sobre el tema de las apps (él insiste en llamarlas “aplis”, que suena indudablemente más castellano y hasta más “cariñoso” :-) y sobre el mercado establecido en torno a las mismas, y hoy me cita brevemente en su artículo titulado “‘Aplis’ hasta en la sopa” (pdf).
Hablamos sobre las características de los mercados de aplicaciones, ecosistemas en los que se prima por lo general un precio bajísimo o una gratuidad, y en los que se tiene que recurrir a modelos basados en publicidad, comercialización de datos o freemium (para mí, sin duda, el esquema más válido cuando se plantea adecuadamente) para dotarlos de un esquema económico viable.
Claramente, hemos instalado apps por encima de nuestras posibilidades: no hay más que ver nuestros terminales para ello. Si te planteases hacer limpieza, seguro que podrías desinstalar alrededor de la mitad de las apps que tienes instaladas en tu smartphone sin que llegases a percibir un problema de funcionalidad. Las características del ecosistema han funcionado exactamente como esperaban sus promotores, fundamentalmente Apple y Google: se ha demostrado que no existe mejor manera de ofrecer funciones para un aparato que ser capaz de generar una comunidad abierta de desarrolladores que se pone a trabajar en ello. Basadas en esquemas similares, con algunas diferencias en la gestión, tanto la App Store como Google Play han llegado a una situación en la que una brutal cantidad de apps ofrecen todo tipo de funcionalidades: hay apps literalmente para cualquier cosa imaginable. La conocida frase “there’s an app for that”, “existe una app para eso”, llevada al exceso y la exageración en mercados cuyo buen funcionamiento se está convirtiendo en su propia maldición.
Un número enorme de nuevas apps aparecen cada día, en una sucesión completamente inabarcable de las que, como comenta el artículo, el 99.99% fracasa. Tengo una buena cantidad de apps en mis terminales que he actualizado más veces que utilizado. La saturación parece estar sentando mal al mercado en todos los sentidos: cada vez menos rentabilidad para los desarrolladores, prácticas cada vez más perversas y establecidas de marketing y promoción, modelos de arquitectura de datos absurdos que solicitan permisos que nadie se detiene a chequear mínimamente, y esquemas en general cada vez más insostenibles. Y todo ello con el trasfondo de modelos incipientes como Firefox OS basados no en plataformas cerradas para vender aplicaciones, sino en web apps y uso extensivo de HTML 5.
No, a pesar del fuerte crecimiento del mercado smartphone como plataforma, las apps ya empiezan a estar lejos de ser aquel supuesto “paraíso” donde los emprendedores podían, con barreras de entrada muy bajas, llegar a un mercado de manera sencilla y hacerse ricos. Lo cual da lugar a una reflexión interesante: la estrategia de desarrollar una plataforma con esquemas relativamente abiertos y bajas barreras de entrada ha funcionado, fundamentalmente, para que unos pocos (verdaderamente muy pocos en términos porcentuales) ganen mucho dinero, mientras muchos millones compiten por alcanzar esa especie de El Dorado. Pero sobre todo, para construir un buen negocio para Apple y Google. E.Dans
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