jueves, 21 de mayo de 2015

Google Now y la inteligencia artificial

Gmail smartizationLlamadme antiguo, pero hay cosas que cuando las veo, aún me sorprenden poderosamente.
En la ilustración, una captura de pantalla de mi smartphone procedente de Google Now, similar a otras que seguro que muchos otros usuarios habrán visto también: una notificación generada automáticamente a partir de un correo electrónico que recibo de un alumno, en el que me solicitaba una reunión para hablar de un proyecto de empresa.
Hasta aquí, todo muy normal: soy profesor y es habitual que mis alumnos me escriban para pedirme reuniones. A partir de ahí, veamos la secuencia analítica:
  1. Gmail examina el mensaje que acabo de recibir. Nada sorprendente, dado que Gmail, desde sus inicios, se ha planteado como un servicio gratuito cuyos términos autorizan a Google a leer mis correos con el fin de servirme publicidad relacionada con su temática.
  2. Google procesa el contenido del correo electrónico, y detecta que se trata de una solicitud de reunión. Esto no es tan obvio: podría deberse al asunto del mensaje (Do you have some time this week?”), al uso de determinadas palabras clave en el texto (“meet”) o a la mención de determinadas horas (“this week”, “early in the morning”, o “around noon time”), o a varios de esos elementos simultáneamente. 
  3. Google decide que, en efecto, es una solicitud de reunión, entiende que la preferencia es a mediodía, y me propone el día de hoy, posiblemente incluso analizando mi Google Calendar y tras chequear que esa hora está libre.
  4. Me ofrece el seguimiento del evento, lo que probablemente desencadenaría una invitación de reunión cursada a mi alumno y a mí mismo que figuraría en mi Calendar.
De nuevo: a algunos les parecerá probablemente algo normal, pero a mí me resulta sorprendente. Por capacidad de proceso, por operativa, y por lo que supone que una máquina sea capaz de analizar mi información y mi vida hasta ese punto. No es perfecto, obviamente: Google sabe perfectamente que estoy al otro lado del mundo porque estoy usando mi smartphone aquí, aunque sea con otra tarjeta SIM diferente a la habitual, y mi historial de localizaciones funciona perfectamente, de lo que se deduce que proponerme una reunión en Madrid no tiene mucho sentido. Pero hablamos de una cuestión que se reduce a introducir algunas reglas e información adicional en el sistema, información que Google ya tiene. Como “asistente digital en prácticas”, no está mal. Todavía no es como mi asistente humano (insértense aquí todo tipo de chistes malos :-) pero no puedo decir que vaya por mal camino.
¿Me gusta? ¿Me resulta agradable? ¿Me genera inquietud? Que Google tenía toda esa información, de nuevo, era algo que ya sabía. Que la procesaba a ese nivel, me lo podía imaginar, pero no lo había visto directamente. A estas alturas, todo indica que Google quiere convertirse en mi asistente, en una ayuda digital, en un soporte a la hora de gestionar la complejidad de mi vida. Pero, ¿y el otro lado? Google también sabe quién es mi alumno, que utiliza profusamente una cuenta de Google que la propia institución que compartimos, IE Business School, le ha facilitado. Sabe quién es, dónde vive, en dónde está en cada momento, y hasta el contenido de sus correos electrónicos.
No, no pensemos simplemente en Google como “mi asistente digital”, porque la cosa va mucho más allá: es el teórico asistente digital de una parte enormemente significativa de la población de una enorme cantidad de países, con todo lo que ello conlleva en términos de consolidación de información. Un nivel de abstracción por encima de todos nosotros que lo coloca auténticamente al nivel del ojo de Horus, ese que todo lo ve.  ¿A dónde llegaremos a medida que proyectemos esto hacia el futuro? En qué momento, siguiendo la letra de una de las canciones de uno de los grupos que ponen banda sonora a mi vida, me encontraré con que “you‘ll find your servant is your master”?
 

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