lunes, 25 de mayo de 2015

¿Hay una burbuja tecnológica? Por supuesto…

IMAGE: Bastetamon - 123RFVivimos en una burbuja. Pero en una burbuja permanente, instalada de manera constante entre nosotros. Como ya avancé hace casi un año, la evolución del entorno tecnológico ha dado lugar a una combinación de nuevas herramientas, nuevos hábitos, crecimientos desmesurados e inversores en busca de rentabilidad que nos lleva a considerar ya la efervescencia como una forma natural de vida, como algo que forma parte inseparable del entorno.
Un artículo en TechCrunch, Who will be hurt most when the tech bubble burst? Not VCs”, deja ya de preguntar “si” hay una burbuja para pasar directamente a plantearse “cuándo” explotará. Así, de la manera más natural, pasamos del “if” al “when”, sin ningún tipo de problema. En los últimos meses, la lista de unicornios y decacornios de Fortune crece sin parar, al tiempo que lo hacen sus valoraciones, pero reflejando una situación completamente distinta a la de finales del siglo pasado: ahora hablamos de compañías que, en muchos casos, invaden el mercado de otras que no han sabido evolucionar con los tiempos, adaptarse al nuevo entorno. Hablamos de procesos prácticamente darwinianos que llevan a compañías a consolidarse como el futuro de los alquileres de corta duración o como la nueva frontera de la logística, provocando que muchos que antes intentaban ocupar ese hueco de maneras menos eficientes o menos líquidas se encuentren con dificultades.
Vivimos una auténtica ofensiva de Silicon Valley sobre Wall Street. Hagas lo que hagas, hay una compañía tecnológica planteándose capturar el margen con el que operas en tu negocio, sostenida por una valoración estratosférica, con mucho tiempo para seguir extendiendo la mano al mercado y que la sigan financiando a pesar de no tener ingresos, y siendo capaz de captar talento mucho mejor que tú. Por supuesto, a esas compañías exitosas, a las que lograrán de verdad consolidarse como alternativas de futuro y refrendar sus valoraciones con ingresos, las acompañan muchas otras que no serán capaces de lograrlo. La consolidación no es sencilla, porque los procesos de adopción tampoco lo son: lo que muchas veces empieza como una auténtica fiebre que escala como un cohete, pasa después a enfriarse o a ser sustituido en las preferencias de unos usuarios que también se acostumbran a la idea de vivir en tiempos exponenciales. Los mecanismos del mercado acompañan: una inversión pequeña hecha sobre una valoración muy elevada invita a muchos otros a pensar que se están perdiendo algo, y a no querer quedarse fuera, a modo de síndrome FOMO, Fear Of Missing Out, pero aplicado a las finanzas.
No, no hablamos de una moda, ni de una enajenación mental colectiva y transitoria. Hablamos de acostumbrarnos a vivir a una velocidad diferente, a que lo normal sea que, te dediques a lo que te dediques y lleves el tiempo que lleves haciéndolo, haya algún emprendedor planteándose cómo proveer ese producto o ese servicio que tú provees, de una manera más eficiente, en edición corregida y aumentada, librándolo de determinados condicionantes o replanteándolo de una manera que lo convierta en una oferta que no se pueda rechazar. La misma mecánica perversa que lleva a los inversores a arremolinarse en torno a las nuevas alternativas, lleva a las viejas empresas cotizadas a no ser capaces de innovar al ritmo necesario, a no poder mantener el paso por miedo a arriesgar cosas que supuestamente no se pueden arriesgar. Muy pocas empresas cotizadas consiguen escapar a ese síndrome, que se ha cobrado ya víctimas muy importantes y que sin duda se cobrará muchas más. Si te quedas quieto, estás muerto. Y la única forma de evitarlo es reinterpretar tanto la innovación, como el lugar que debe ocupar en tu organización. En todos los sentidos: en organigrama, en mentalidad y en prioridades.
La respuesta a la pregunta, por tanto, es más que clara: ¿hay una burbuja tecnológica? Por supuesto que la hay. La tecnología de hoy ofrece tantas posibilidades, que lo raro sería que no la hubiera. ¿Quiere ese diagnóstico burbujeante decir que los inversores deben salir corriendo a refugiarse en sus cuarteles de invierno? No, me temo que no. Primero, porque ya quedan pocos cuarteles de invierno que ofrezcan una rentabilidad digna. Y segundo, porque si se meten en ellos, no volverán a salir jamás. La burbuja es la nueva normalidad. Como si el mercado estuviese subido a un monopatín. Si dejas de mantener el equilibrio, te la pegas.  E.Dans
 

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