lunes, 20 de enero de 2014

Atrévete a merecerte a ti mismo




Mide lo que haces contra ti mismo. No compartas tus resultados con otros, porque después de todo nadie te ha preguntado, a muchos ni siquiera le importa. Si piensas que no has hecho algo lo suficientemente brillante, o haz el esfuerzo por mejorarlo o hazlo mejor la siguiente vez. No pierdas el tiempo contándole todo esto en detalle a la gente. Es tu problema, no el de ellos.
Desde aquí en adelante, tu valentía requiere que pares hablar de lo que no hiciste o lo que hiciste mal. Eso no arreglará nada. En lugar de eso, centra obsesivamente todos tus esfuerzos en mejorar la calidad de tu trabajo y el impacto positivo que causará en las personas. Mídete a ti mismo (y sólo a ti mismo) contra el valor del trabajo que tu creas, y entonces enfréntate al logro de las metas que fijaste para ti mismo (nunca contra las intenciones de otros). Esto es importante: permite que cero factores externos decidan cómo te enfrentas a ti mismo y por lo tanto, te evalúas. No medallas de oro, no rankings, no listas de rockstars, no menciones por ser un crack, no mejores tiempos en un deporte. Nada, absolutamente nada proveniente de la percepción de otros.
Mereces una vida épica. Mereces ser el dueño de tu tiempo. Tu juzgas los esfuerzos que tu haces, son tuyos y de nadie más. Nada que tu jefe, novia, profesor, colegas o cualquier otro diga importará nunca tanto como tu propia percepción de tu trabajo y lo que indicará que quizás (siempre) necesita mejorar y crecer.
Ahora estoy más seguro de que el genio está ahí dentro. Pero necesitas ser lo suficientemente valiente como para sobresalir de ti mismo para sacarlo. Atrévete a hacerlo. Isra Garcia
 

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